La Policía analizó sus movimientos bancarios, hizo allanamientos en los domicilios de tres personas allegadas y una inspección ocular ampliada encabezada por el juez Sebastián Cadelago. A un año y siete días de la desaparición de Matías Edgardo Dávila la causa está paralizada, en un punto muerto del que difícilmente se vaya a mover.

Dávila tendría hoy 77 años. Su caso es uno más entre las misteriosas desapariciones que se registraron en San Luis en los últimos tiempos: Abel Ortiz y Javier Balbo, desaparecidos hace ya cuatro años; Sebastián Gil, visto por última vez el 8 de octubre de 2016, Matías Dávila y Sergio Ramón Ojeda, ambos desaparecidos desde el año pasado y los casos más recientes –y misteriosos-, de Lucas Bolotti, en Papagayos, a mediados del año pasado y Juan Carlos Rubilar, a quien vieron por última vez divirtiéndose en los carnavales de La Pedrera, en Villa Mercedes.

Pese a los rastrillajes y causas judiciales que se abrieron y la insistencia desesperada de sus familias, nadie ha encontrado ni el más mínimo rastro de esas personas.

Dávila desapareció el 2 de mayo del año pasado. Su hermano Hugo César asegura que siguen pidiéndole a la Policía y al Juzgado Penal 1 que dinamicen la investigación “que permita dar con el paradero y explique lo ocurrido”.

En un mail que envió a la redacción de SanLuis24, Hugo Dávila apunta a “las limitaciones del sistema policial y la esterilidad de la gestión judicial. Asimismo, el magro avance de los primeros sesenta días en materia investigativa parece, por los resultados, no haber sabido ser superado y nada se sabe de Edgardo Davila. La investigación está en punto muerto a pesar de los datos aportados por toda la familia y la lentitud de alguna acción solo ha servido como para dar la sensación que se hace sin realmente lograr aunque sea un pequeño avance”.

Y agrega: “Para los amigos y familiares resulta inadmisible que un ciudadano puntano pueda desaparecer y que las instituciones responsables sean incapaces de dar respuesta y resultados”.

Las últimas medidas que tomó el juez Cadelago corresponden a mediados del año pasado. En julio estuvo otra vez en la casa del anciano desaparecido, ubicada en la calle La Pampa 132. Dijo que “era llamativo el desorden” en la habitación pero cuando los policías inspeccionaron la finca notaron que era un desorden que no indicaba que hubiese existido un acto violento, como un robo.

 Fuente: SanLuis24.