Para ponerle contexto a la investigación local hecha sobre el tratamiento que Facebook hace de las noticias en su red social , es bueno recordar que Facebook no está pasando un buen momento.

Es difícil hacer esta afirmación cuando se habla de un producto que usan 2200 millones de personas, algo que no tiene parangón (casi 1 de cada 3 personas en el mundo tiene una cuenta en Facebook); cuando se describe a una corporación que también es la dueña de Instagram (más de 800 millones de usuarios) y de Whatsapp (más de 1500 millones de usuarios); cuando todos esos números crecen; cuando se piensa que por esto Mark Zuckerberg es, a los 33 años, la sexta persona más rica del mundo.

Lo es por el dinero que ganó no por vender los datos de sus usuarios (no lo hace) sino por ser un vehículo para que las compañías puedan crear campañas publicitarias ultra precisas, dirigidas a esos usuarios que Facebook conoce al detalle, porque son ellos mismos los que le dan toda su información (algo similar sucede con Google y otras compañías que acumulan información de millones de usuarios).

Pero que Zuckerberg haya tenido que comparecer frente al Congreso estadounidense en los últimos días para dar explicaciones sobre el funcionamiento de su compañía no es menor. Y no es, en rigor, algo inusitado: la compañía viene teniendo problemas para manejar en forma adecuada el enorme peso que hoy tiene.

El punto de inflexión estuvo, quizás, en noviembre de 2016: allí aparecieron las primeras acusaciones de que no estaba frenando las noticias falsas que entorpecieron las elecciones que dieron triunfador a Donald Trump en EE.UU., y que dejaba que sus filtros de contenido polarizaran las posturas políticas de la población al mostrarle sólo cierto tipo de contenido.

Durante 2017 arreciaron las acusaciones de que Facebook había sido un vehículo para que el gobierno ruso difundiera noticias falsas para 126 millones de usuarios de Facebook en EE.UU.

Todo eso, mientras el ex vicepresidente de crecimiento de usuarios, Chamath Palihapitiya, afirmaba que al proponer un servicio diseñado para ser adictivo, y en el que el contenido está compartimentado, Facebook está rompiendo los lazos sociales, y que no deja que sus hijos usen Facebook. Otros ex ejecutivos de la compañía hicieron declaraciones similares.

En el inicio de 2018, el reclamo llegó por el uso indebido que la firma Cambridge Analytica hizo de los datos de 87 millones de usuarios para crear perfiles psicológicos y vender esos perfiles para que reciban propaganda, intentando cambiar su postura política en las elecciones estadounidenses.

 Fuente: La Nación.