En 10 años, ¿habrá robots en las aulas?

En 10 años, ¿habrá robots en las aulas?

La inteligencia artificial avanzará en el futuro inmediato sobre la educación y replanteará el proceso de enseñanza-aprendizaje. Cuáles serán sus aplicaciones y ventajas.

Anthony Seldon, experto en educación, también vicerrector de la Universidad de Buckingham, fue uno de los oradores en el Festival Británico de Ciencia, hace ya casi un año. En su exposición, soltó sin miramientos: “Los robots reemplazarán a los maestros en 2027″.

La declaración rebotó en los medios de comunicación. Fue considerada como una de las primeras en precisar, con total contundencia, la fecha de posible automatización del trabajo docente. Sin embargo, según cuenta ahora, a la frase hay que darle un contexto. En realidad, lo que dijo fue que los maestros dejarán de cumplir su rol tradicional.

Consultado por Infobae, Seldon explicó: “La inteligencia artificial llegará cada vez más al aula, pero trabajará con los maestros. No los reemplazarán por completo. Serán mejores en distintas cuestiones: tendrán interacciones más rápidas, efectivas, precisas y personales con los estudiantes, pero los humanos desempeñarán otras funciones que los robots no pueden. Adoptarán un papel de ‘supervisores’, de monitorear el progreso de los alumnos. Funcionaría como un sistema educativo más justo, sobre todo en Latinoamérica”.

Con respecto a un posible reemplazo, un artículo del Foro Económico Mundial da cifras. De acuerdo a la UNESCO, para garantizar educación de calidad a nivel global se necesitan 20,1 millones de maestros para escuelas primarias y secundarias, además de reemplazos para los 48,6 millones que, se prevé, dejarán sus trabajos en los próximos 13 años, ya sea por jubilación o por el deseo de buscar otra profesión con mejor salario.

“Eso es muchos maestros”, dice el artículo. “Por lo tanto, es fácil ver el atractivo de utilizar un profesor robótico para llenar estos vacíos. Claro, se necesita mucho tiempo y dinero para automatizar toda una profesión. Pero después de los costos iniciales de desarrollo, los gobiernos no tendrían que preocuparse por pagar maestros digitales. Ese dinero ahorrado podría usarse para pagar las refacciones necesarias de las escuelas y otros costos asociados a la provisión de una educación gratuita”, continúa.

Predicciones futuristas aparte, hay características propias de los buenos maestros que los robots no podrán reemplazar: la empatía, la inteligencia socioemocional, la creatividad, la capacidad de inspirar a sus estudiantes. De hecho, el trabajo de los educadores, según un algoritmo desarrollado en Oxford, es uno de los que menos riesgos corre de ser automatizado.

 

Softwares y no humanoides

 

Cuando se habla de robots en educación, la primera imagen que surge es la de un humanoide frente a una clase. Hay pruebas esporádicas en ese sentido, sobre todo en países líderes en educación como Finlandia o Corea del Sur, pero el potencial de la inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés), incluye al docente y no lo reemplaza.

La fundación británica Nesta, focalizada en innovación, plantea distintos escenarios respecto a la enseñanza mediada por AI. Identificaron que la automatización se orienta hacia tres objetivos: hacia el alumno, hacia el maestro y hacia el sistema. “La mayoría de nosotros piensa en plataformas de aprendizaje adaptativo cuando piensa en inteligencia artificial en la educación, pero hay una gama mucho más amplia de aplicaciones de IA en nuestro sistema educativo: desde la gestión de inspecciones escolares hasta la automatización de los comentarios para los alumnos”, escriben dos expertos.

Entre los desafíos que la IA “está bien preparada para afrontar”, enumeran, entre otros, la homogeneización de los alumnos y falta de aprendizaje personalizado, el fracaso para generar movilidad social, la dificultad para promover pedagogías alternativas y mejorar la práctica docente, la cultura de evaluación que “inhibe la enseñanza y el aprendizaje”.

Axel Rivas, director de la Escuela de Educación de UDESA e investigador de CIPPEC, le dijo a Infobae: “El desarrollo de la inteligencia artificial en la educación todavía está en un punto de maduración, pero llegará pronto y con mucha fuerza. Las grandes empresas de educación y tecnología están avanzando a toda velocidad y ya se ven algunos desarrollos. Es fundamental que haya políticas educativas que aprovechen el potencial de las plataformas adaptativas y que le den sentido pedagógico y de justicia social a los algoritmos”.

Rivas menciona en una nota de Graduate XXI algunos ejemplos de tecnologías ya instaladas en el mundo. Dreambox, por caso, un software que captura cada clic y anticipa 60 parámetros de comportamiento (frecuencia y velocidad de respuesta, cantidad y tipo de errores, entre otros). Con 48 mil datos de alumno por hora, el programa ofrece clases adaptadas en tiempo real para que cada alumno haga por su cuenta en sesiones de 60 o 90 minutos. Otro ejemplo es Smart Parrow, un software australiano que proporciona una interfaz adaptada para crear luego clases moldeadas de acuerdo a las características y ritmos de los estudiantes.

“El fenómeno está ocurriendo, sin que siquiera nos demos cuenta”, afirmó a Infobae Juan María Segura, experto en gestión e innovación educativa. “Si aceptamos que gran parte del contenido que hoy proyectan en clase muchos docentes y profesores está siendo reemplazado por tutoriales reproducidos en Youtube, entonces debemos aceptar que la IA ya está presente en nuestras vidas, compitiendo por la atención de nuestros alumnos. ¡Afortunadamente!”, agregó.

Para Segura, las consecuencias de la IA en educación son “revolucionarias”. La gran ventaja que traerá será “la personalización de los trayectos de aprendizaje, sin prejuicios ni condicionamientos”. Todo alumno, cualquiera sea su edad, podrá explotar los contenidos según su ritmo de aprendizaje, “sin depender de una currícula nacional definida por burócratas”.

“Dada la ubicuidad de los dispositivos móviles, cada vez más potentes y accesibles, el espacio de aprendizaje será cada lugar en donde el aprendiz habite, sea su habitación, el parque, una parada de colectivo, una cancha o la escuela”, planteó Segura. “La IA emerge como una gran competidora del docente, y la competencia siempre es buena, porque nos hace mejores. Veo mucho espacio en el futuro para la práctica de docentes empáticos, que alienten espacios reflexivos, que generen significado a mecanismos colectivos de aprendizaje. Pero para eso deberán amigarse con la época”.

 

Nota y foto: Infobae.

 

 

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